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Un estudio informal de tendencias, culturas y costumbres en un viaje alrededor del mundo. Tomas Vidiri

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DUBLÍN I, IRLANDA

Después de recorrer el condado de Claire, donde se pueden ver los increíbles acantilados de Moher y unos impactantes caminos de cornisa sobre el Atlántico, nos vamos para Dublín. Atravesar el país de oeste a este lleva unas 3 horas por autopista y solo $4 euros de peaje. Lamentablemente, el auto que alquilamos no tiene entrada USB (solo compactera), por lo que no puedo cumplir mi sueño de andar por Irlanda con U2 al palo. Además, las radios son bastante malas por estos lados, poca música y muchas malas noticias… es que éste es otro de los países más afectados por la crisis.

Visité Dublín por primera vez hace 3 años, cuando cumplí uno de mis sueños al ver a U2 en vivo en su propia casa. U2 es la banda que más público mueve cuando salen de gira; de hecho, su último tour (el mismo que los llevó a Argentina en 2011) se convirtió en el de mayor recaudación y cantidad de espectadores de toda la historia de la música. Pero esos son simplemente números. No soy el único; gente de todo el mundo viaja por los Estados Unidos, Europa y el resto del mundo para verlos aunque sea una noche; y Dublín, por supuesto, es el destino preferido.

Aquella vez llegué al aeropuerto de Dublín y en Migraciones, al ver mi pasaporte argentino, me preguntaron si estaba ahí por los conciertos; dije que sí y me contestaron:

- Todos están acá por los conciertos. Bienvenido a casa.

Piel de pollo. Es que los conciertos de U2 en Dublín son todo un evento. Con solo pensar que en cada una sus últimas giras reunieron a más de 300.000 personas en esta pequeña ciudad, capital de un país de casi 4 millones… es impresionante.

Llegamos a la ciudad y tenemos todavía una hora para devolver el auto alquilado. Le propongo a Dai dar unas vueltas por el centro, que se limita a unas pocas manzanas. Mi propuesta es una farsa, los dos sabemos que lo que realmente quiero es ir a los estudios de U2, no muy lejos de O´Connel Street (la calle principal). Allá vamos; atravieso una calle contramano para acortar camino y hasta me equivoco de carril sobre una avenida por los nervios. El conductor de uno de los 2 buses que quedan varados frente a nosotros me insulta a través del vidrio y yo muevo mi boca y mis manos como diciendo “no soy de acá, perdón!”.

Llegamos a Hanover Quay, una especie de Puerto Madero donde U2 tiene sus estudios desde hace más de 20 años (cuando no había NADA). Todos los edificios del barrio son nuevos excepto este galpón reformado. El galpón y los graffitis de la U2 Wall, claro. Todas las paredes de los estudios están firmadas y pintadas con mensajes que te erizan la piel. Hay mensajes de gente de (literalmente) todo el mundo. No logro encontrar el mensaje que dejé hace unos años; muchos nuevos fans pasaron por acá y quizás sobrescribieron o simplemente se borró. Distingo los mensajes de otras varias personas que conocí a lo largo de mis viajes siguiendo a U2; amigos, mejor dicho. Rafaella, Robbie, Silvio… y muchos más.

Hace unas semanas leí que estaban grabando nuevo material para algún disco que seguramente se demoren otros 2 o 3 años en lanzar… como siempre hacen. Pongo mi oreja contra la puerta de entrada pero no escucho nada. Toco el timbre junto a la puerta y esperamos el milagro.

De repente, se abre la puerta y se asoma alguien con cara de “otro más?”. Nos mira, me quedo mudo y al segundo dice:

- No están acá.

- Estarán grabando en estos días? Venimos desde muy lejos y…

- No.- Contesta mientras cierra la puerta, quizás, por enésima vez en el día.

 No esperaba tener la suerte de encontrarlos. Suficiente suerte tengo de poder estar acá una vez más. Cada esquina de esta ciudad me trae un recuerdo. Nos vamos a devolver el auto y a tomar unas cervezas al mítico barrio de Temple Bar. En muchos de estos barcitos comenzó la carrera de U2. Yo festejo mi vuelta a Dublín y Dai poder tomarse una cerveza gluten-free.

- Porqué no escribiste en la pared otra vez?Me pregunta Dai.

- Porque no… vendrán otros fanáticos y escribirán arriba de lo que yo escriba y así…- Le contesto.

- Si todos pensaran así no existiría la U2 Wall.- Me replica con cara de puchero.

Tiene razón. Aunque me imagino que las primeras personas que escribieron en esas paredes no eran conscientes de lo grande que iba a ser U2 y la cantidad de personas que visitarían el lugar. Ni siquiera Bono se imaginaría que una banda de rock de una islita como Irlanda podría conquistar el mundo. Y acá están…

No volví a escribir en la U2 Wall. La verdadera razón es que prefiero quedarme con el recuerdo de lo que escribí hace 3 años; resume todo lo que siento.

GRACIAS POR SU MÚSICA… ESTARÁ AHÍ PARA SIEMPRE.